VIKINGOS

 

Los gigantes del norte

 

 

   Entre los siglos VIII y XI, los vikingos, un pueblo de indómitos guerreros, extendieron su terrible fama por todos los rincones de Europa. Así se forjó su historia-leyenda.  Los vikingos u hombres de "wik" eran los parientes más cercanos de los germanos de las invasiones europeas allá por el siglo V. Recibían nombres diferentes según los pueblos de la época, para los francos eran "los hombres del norte" o normandos, para los bizantinos eran los "hombres del comercio" o varegos.

 

   Hay que esperar hasta el siglo VIII para que entren en acción en Europa y pongan en marcha su artillería de ataque, aunque existen fuentes que indican que los vikingos y los francos ya mantuvieron algún tipo de contacto bastantes años antes. Al principio pudo ser una relación pacífica, con intercambios comerciales que iban desde el Báltico a puertos de Duurstedt y Quentovic. Sin embargo la posible alianza entre el sajón Widukind y los vikingos daneses para frenar a Carlomagno dio paso a un enfrentamiento con los francos. A partir de ahí las correrías de los vikingos estuvieron a la orden del día sobre todo en los registros monasteriales, que hicieron de ellos la representación del Maligno.

   A diferencia de lo que presupone la creencia popular, los vikingos no llevaban cuernos. Con su armamento y con sus maniobrabilidad de sus barcos, hicieron de Escandinavia el centro de una amplia red comercial que se extendía hasta Bizancio.

   En algunos lugares de Escandinavia (donde se asentaron la mayoría de los vikingos en un principio), las condiciones geográficas provocaron que se crearan numerosos y pequeños reinos separados entre sí y que fueron perfilando lo que más tarde se convertiría en las tres nacionalidades históricas: suecos, noruegos y daneses.

 

   Las verdaderas causas de su temible expansión por el continente van desde la superpoblación, en especial en la zona noruega, las variaciones climáticas, los cambios en la estructura social y familiar, la consolidación de las tres grandes nacionalidades etc. Aunque lo cierto es que la razón principal tenía más relación con el éxito de las primeras incursiones por los territorios de otros pueblos, lo que les animó a continuar con sus invasiones.  

 

   Los testimonios giraban en torno a que durante la denominada "primera edad vikinga" (788-930), todo vikingo era un ser despreciable, sanguinario y brutal en sus acciones. La realidad no era tan sencilla ya que no todos los vikingos eran iguales y actuaban de la misma forma, unos eran saqueadores, otros conquistadores, piratas, mercaderes, etc. Además cada pueblo escandinavo tenía sus formas de acción, el noruego era más explorador, el sueco tenía un talante más comercial y el danés era el más contundente, depredador al principio y colono después.

 

   Los noruegos se movieron por el litoral del océano Atlántico desde las costas septentrionales de la zona de Norteamérica, atravesando Groenlandia, Islandia y las islas Far Oer y Orcadas, y el norte de Irlanda, camino de Marruecos.

 

   Los suecos eran un grupo constituido por varegos (comerciantes) y soldados mercenarios que se posicionaron en zonas rusas, desde el mar Báltico al Negro y Caspio, pasando por núcleos eslavos, en especial en Kiev y Novgorod. Con intención guerrera y comercial fueron bajando a medidos del siglo IX a Bizancio.

 

   Los daneses constituyen la parte de los vikingos más radical, aquellos que han pasado a la historia como hombres temidos y sin piedad, saqueadores que arrasaban los indígenas de cada lugar en busca de un botín. Extorsionaban e intimidaban a cambio de treguas o tributos y además muchos de ellos se asentaban como reino propio en espacios ya ocupados del occidente de Europa. Estuvieron en Normandía y constituyeron el "Danelag" en Inglaterra, con capital en Cork. En la primera de estas zonas, no sólo se instalaron los daneses sino que también otros a quienes la victoriosa resistencia de Eudes en París, había provocado un retroceso hasta el extremo noroccidental de Francia. El gesto de convertirse el pueblo al cristianismo y prestar fidelidad al rey carolingio hizo que el jefe vikingo Rollón obtuviera el título de duque de Normandía. Los ataques daneses concluyeron más o menos en el año 930, tras siglo y medio de ataques y saqueos sin piedad.

 

   El final de las correrías vikingas a mediados del siglo X, significaba un equilibrio relativo entre los ataques escandinavos y la resistencia de las regiones implicadas, que sustituían por otro lado la autoridad imperial de los carolingios. Algunos se integraron en el reino de los francos, otros en Inglaterra, aceptando la monarquía anglosajona, lo que suponía una integración de estos hombres a la Cristiandad latina.

 

   Las primeras internadas las llevaron a cabo familias particulares contra objetivos muy concretos y bastante cortos, pero poco a poco se fue sumando un mayor número de personas con la intención de ascender en la escala social, sentir el significado de la aventura, de la gloria guerrera, y por supuesto de enriquecerse.

   Durante doscientos cincuenta años, los habitantes de las poblaciones europeas desde Dublín hasta Kiev vieron perturbadas sus ya difíciles vidas por la violenta irrupción histórica de un pueblo cuyos nombres se susurraban, temblando, alrededor de las hogueras alto medievales. Los eslavos los llamaban rusos; los anglosajones, daneses; los irlandeses, gaill o lochlannaigh; los andalusíes, magos, y los francos, normanni. Se trataba de los vikingos.

   Semejante diversidad de nombres se correspondía con su vaga procedencia, allá en el helado norte del continente. De hecho, normanni y lochlannaigh significan lo mismo: "hombres del norte", norteños o nórdicos. Para los demás europeos eran gigantes que portaban espadas y hachas enormes con las que podían partir en dos a un hombre de un solo tajo; bárbaros paganos que saqueaban y reducían a cenizas los sagrados -y riquísimos- monasterios, mientras se reían a carcajadas ante la imagen religiosa; individuos feroces y salvajes que asaltaban las ciudades costeras robando, violando y matando sin piedad.

- Se nos ha transmitido una imagen salvaje de los vikingos

   Esa fue la imagen que los cronistas y los historiadores de la época nos transmitieron,, pero tal vez no sea del todo exacta. La tinta de estos autores -casi siempre monjes o religiosos-, estaba guiada por la marcada preferencia vikinga de atacar los propios monasterios donde ellos escribían. Sin  duda, aquellos hombres del norte eran temibles y muchas de las acciones salvajes que se les atribuyen fueron muy reales, pero también es cierto que su tan pregonada crueldad no alcanzó la de los "magiares" en Sajonia, la de los "tunecinos" en Italia y Provenza o la del propio Carlomagno, que asistió imperturbable a la decapitación de 5.000 enemigos sajones.

  Todo comenzó a fines del siglo VIII, cuando empezaron a producirse en Escandinavia una serie de agitados movimientos migratorios impulsados por la superpoblación y por la política. En las dinastías nórdicas, las luchas por el poder real terminaban con frecuencia con el exilio voluntario de la facción derrotada. Sencillamente, los perdedores no estaban de acuerdo con la situación y se retiraban.

   Esa peculiar mecánica política, asociada a la movilidad que otorgaba a aquellos pueblos su dominio de la construcción naval, alumbró varias naciones de peregrinos marítimos. En Noruega, luego de los cambios introducidos por Harald el de la Hermosa Cabellera, en el año 872, una parte de la población se dirigió a los puertos para abandonar el país. No fueron al plácido Sur, sino aún más al Norte, a Islandia y a Groenlandia. Renunciaron así a las conquistas en demanda de las tierras vírgenes del Gran Norte que sus exploradores les habían descripto. Se fueron concentrando en Islandia, donde hacia 930 vivían ya cerca de 30.000 noruegos, que comerciaban y pirateaban en las islas británicas y el continente.

- Expediciones a Groenlandia y quizás, incluso, a América

   Sus expediciones los llevaron a descubrir Groenlandia, donde el líder vikingo Eric el Rojo fundó una colonia en 985. Y si aceptamos lo que hoy parece cierto -aunque nunca bien demostrado-, habría sido de esa colonia de donde el hijo de Eric, Leif, zarpó años más tarde para arribar por primera vez a las costas de América por la Península del Labrador, que ellos denominaban Vinland.

   Los suecos, por su parte, eligieron el camino del Sur. La isla de Helgö, en el lago Malär, apenas dista 20 kilómetros de Estocolmo. En su suelo han aparecido sorprendentes depósitos arqueológicos, que incluyen desde bellísimos cruceros irlandeses hasta caracoles del Índico y una pequeña imagen de Buda. Junto a las grandes cantidades de monedas acuñadas en Samarcanda durante los siglos IX y X que se han encontrado en Suecia, son pruebas de una colosal aventura expansiva que hoy, sigue cargada de incógnitas: la epopeya de los varegos, que fundaron el reino de Rusia.

   La hegemonía de los suecos en el Báltico fue muy temprana. Desde las colonias establecidas en tierras letonas y lituanas, fueron internándose en la actual Rusia. Navegantes también, aunque más fluviales, utilizaron la gran cuenca hidrográfica del río Dnieper para alcanzar el Mar Negro, buscando el comercio con Bizancio y la Ruta de la Seda. Para eso, empleaban embarcaciones livianas que podían cargar a hombros para saltar de una cuenca a otra.

- Rudos mercenarios de costumbres licenciosas

   Su bajada por las tierras de lo que hoy es Bielorrusia y Ucrania fue en parte comercial y en parte bélica. Comerciaban y, para defender sus almacenes, construían fuertes -gorod-, que dotaban de buenos guerreros. Los objetos básicos de su comercio eran las pieles y las esclavas y, la descripción que hicieron los viajeros musulmanes de sus establecimientos, los pinta como unos tugurios donde se bebía y se practicaba el sexo a la vista de todos. Con frecuencia, la ayuda de estos hombres de los gorod era solicitada en las luchas entre los señores feudales locales, los que los convertía en árbitros de la situación. Finalmente, llegaron a dominar todos aquellos territorios y se establecieron en Kiev, la actual capital de Ucrania, donde nació en el año 882 el reino de los rusos. De hecho, aunque el origen del término "ruso" es aún muy discutido, parece que era la palabra que usaban los finlandeses de la época para referirse a sus vecinos suecos.

- Los normandos asaltan el occidente europeo

   Con el tiempo, aquellos primitivos suecos se eslavizaron y, después de la caída de Bizancio, asumieron su vasta herencia cultural de base griega. Por eso se ha dicho que los rusos son, en realidad, suecos de cultura helena.

   En Occidente, sin embargo, la mayor parte de las incursiones vikingas tuvieron como protagonistas a los normandos, esto es, los hombres del norte que procedían de Dinamarca. Al principio, sus naves llegaban esporádicamente a las costas británicas y francesas, los saqueadores arrasaban con rapidez todo lo que encontraban y volvían al mar, donde eran invencibles. Luego tomaron la costumbre de aparecer puntualmente en primavera, realizar largas campañas que duraban hasta otoño y regresaban a sus tierras en invierno. Estos eran los vikingos de los que hablan con terror las crónicas del oeste europeo. Nada consideraban sagrado y a nadie temían, de manera que sus expediciones se hicieron cada vez más audaces.

   Solían agruparse en diez o doce embarcaciones que tenían muchas mejoras técnicas de navegación gracias a los frisones y a los propios escandinavos. Se trataban sobre todo de bordas superpuestas, quillas, el remotimón, la vela cuadrada etc. Estos barcos facilitaban enormemente la rapidez de movimientos en unos lugares que no pretendían conquistar de manera permanente, lo que daba a sus acciones la impresión de una amenaza continua.  

   A mediados del siglo IX alcanzaron las costas de la península Ibérica, donde llegaron incluso a saquear Oviedo, Santiago de Compostela y Lisboa. Luego remontaron el Guadalquivir hasta la Sevilla andalusí, cruzaron el Estrecho de Gibraltar y desembarcaron en las islas Baleares, el sur de Francia e Italia. En el viaje de regreso, como fin de fiesta, se apoderaron del este de Inglaterra, donde impusieron el culto a su dios Odín. Aquellos fueron tiempos oscuros para la isla, entre cuyas brumas sólo brillaban el antiguo mito del rey Arturo.

   Por su parte, en el continente, un grupo normando invadió, a fines del siglo IX la desembocadura del Sena con intenciones de asentarse. Quince años más tarde, el rey franco Carlos el Simple, desistió de sus intentos de expulsarlos y firmó con ellos un tratado que les permitía quedarse como un ducado más del reino. Así nació el noble ducado de Normandía, que pronto se lanzó también a la conquista de Inglaterra. Allí, sus huestes lucharon contra los cristianos sajones que habían llegado primero y contra sus hermanos daneses que habían ocupado el este. Luego de la batalla de Hastings, dominaron todo el país. Pero ni aún así permanecieron quietos estos descendientes de los vikingos. Ser apoderaron de Sicilia y Tarento, lucharon contra los musulmanes de España y del norte de África, y fueron un elemento determinante tanto en la organización como en el desarrollo de las Cruzadas.

- Una cultura de navegantes y granjeros

   La palabra vikingo deriva de vikingr, un término escandinavo medieval que podía traducirse como "pirata", aunque también se denominaba así el simple hecho de navegar. Conviene recordar que sólo una parte de los escandinavos medievales se lanzaron al mar. La mayoría permaneció en sus tierras, desarrollando la cultura y la vida social que les habían legado sus antepasados. Eran, en su mayor parte, granjeros independientes que pastoreaban sus animales, cazaban, pescaban y cultivaban los campos ayudados por los esclavos que compraban a sus compatriotas vikingos.

- Esclavos con tierras e ingresos propios

   Considerando los relatos de los monjes cristianos acerca de la crueldad de los nórdicos, resulta singular lo que las propias crónicas escandinavas refieren sobre el trato que un tal Erling daba a sus esclavos: "Cuando los compraba, les asignaba una tarea que podían hacer en un par de años, a lo sumo en tres. Les daba tiempo libre después e la tarea diaria y les permitía trabajar para sí mismos, facilitándoles terreno y arados. Luego, cuando habían comprado su libertad, les enseñaba artesanía y técnicas de pesca, les asignaba tierras libres para establecerse y, de ese modo, los encaminaba a la prosperidad." Con esa actitud, Erling estaba poniendo las bases para convertirse en un señor feudal, que fue lo que terminó por ocurrir en toda Escandinavia.

   En los primeros tiempos, sin embargo, la vida en las granjas estaba regida solamente por el orden natural, y los meses, de abril hasta octubre, llevaban el nombre de las faenas correspondientes: mes del esquileo, mes de cortar el grano, mes del huevo, mes del heno, mes de recoger el ganado ... A partir de octubre, el clima impedía prácticamente trabajar al aire libre, así que muchas de las tareas tenían lugar en el interior de las granjas, unas construcciones largas, abovedadas y cubiertas de cálida turba. El conjunto solía incluir desde un establo, hasta almacenes, retretes, una herrería y un baño de vapor a base de piedras calentadas al fuego. En Islandia, además, se disfrutaba de los manantiales de agua caliente de origen volcánico.

- La familia entera respondía de los actos de sus miembros

   En verano, los granjeros de reunían en asambleas denominadas "cing", donde se analizaban, discutían los problemas comunes y formulaban las leyes. La familia era la base de todo, incluida la conducta individual, ya que del comportamiento impropio de uno de sus miembros se hacía responsable a la familia entera. Esto fortalecía sobre todo el papel de las mujeres, cuya relativa independencia y significado social envidiaban las del resto del continente. No tenían voto en los cing ni recibían herencia si tenían hermanos varones, pero conservaban sus bienes si se divorciaban y, si enviudaban, manejaban libremente sus asuntos y podían rechazar un segundo matrimonio si no les gustaba el pretendiente.

   Lo que hacía diferentes a los vikingos de otras amenazas para los reinos cristianos medievales, como la de los magiares o los musulmanes, era, sin duda, su gran dominio de la navegación. Siglos de experiencia en las travesías de los difíciles mares del Norte, los convirtieron en unos de los mejores navegantes del mundo y también en los mejores constructores de barcos de la época.

- Gran pericia como ingenieros navales

   Con el tiempo, las líneas de sus barcos se fueron alargando y estilizando; los vikingos robustecieron sus quillas y perfeccionaron el sistema de dirección con sus típicos timones laterales, apopados en la banda derecha. De esa preferencia procede la palabra "estribor" (steer board), mientras que "babor" (port board), es la banda del puerto o la banda de atraque, opuesta a la del timón para evitar que éste se dañe al golpear contra el muelle. 

   Los historiadores saben muy bien como eran aquellos navíos porque la costumbre de los grandes señores noruegos de hacerse enterrar con sus barcos, ha permitido recuperar algunos de ellos en muy buen estado. El que se halló en Gokstad (Noruega), por ejemplo, mide alrededor de 26 metros de eslora, y su combinación de ligereza y robustez, aún sigue entusiasmando a los especialistas. Eso sí, a sus enemigos tal maestría en el diseño naval, no los hacía especialmente felices. Así, en un texto latino escrito por un testigo de la llegada a las costas inglesas de la armada normanda, comandada por Canuto el Grande, después de describir las proas adornadas de oro, sus relucientes escudos en las bordas y sus largos gallardetes ondeando al viento, se afirma: "Tan impresionante era la flota que, si su dueño hubiera querido conquistar cualquier país, le hubiera bastado con enviar aquellos buques por delante para aterrorizar al enemigo, sin necesidad de que saltaran a tierra los soldados que transportaban".

- Ornamentaban tanto los barcos como las armas 

   Pero si los barcos eran fuertes y temibles, los hombres de armas vikingos no lo eran menos. Probablemente hoy no llamarían la atención en la calle, pero en aquel momento eran observados por sus contemporáneos como si fueran auténticos gigantes. Las fuentes insisten con frecuencia en su gran tamaño y en su fortaleza. De hecho, vistas en los museos, las armas que manejaban todavía impactan. Entre ellas se cuentan desde enormes espadas que cuesta levantar del suelo con ambas manos, o crueles hachas de combate, hasta lanzas finas y agudas, en cuyo manejo eran maestros. Todo eso se encuentra muy ornamentado, porque a los vikingos les gustaban los adornos.

   El famoso diseño nórdico no es algo que se haya improvisado de la noche a la mañana, como queda claro viendo la línea de los barcos vikingos, su orfebrería o los intrincados dibujos de sus piedras rúnicas. Tal vez fueron tan crueles como los describían las crónicas, pero si se mira desde el presente hay algo de fascinante en aquella gente atrevida, en aquel pueblo valiente y libre cuya audacia no reconocía límites desde el mar Negro hasta la península del Labrador y desde Groenlandia hasta Sicilia.

- Mucho más que lecturas de invierno

   Los antiguos escandinavos amaban la poesía. Sus interminables inviernos rodeados de oscuridad y de hielo, precisaban el aliciente de la fantasía literaria. La imaginación no era un lujo para ellos, sino como una medicina contra la monotonía de la obligada permanencia n el interior de la granja.

   En aquella comunidad en que los poetas ofrecían una mercancía de primera necesidad, nació un nuevo género literario, las "sagas islandesas". Se trata de una serie de largos y complejos relatos escritos hacia el siglo XIII que contienen todos los elementos de lo que muchos siglos después, llamaríamos novelas. Las sagas son anónimas, abarcan numerosos temas y las hay para todos los, gustos y de muy distintos estilos literarios. Algunas son auténticos culebrones; otras, como la "Saga de Njáls", tienen la altura estética de las obras maestras universales. 

   Desde el punto de vista de su contenido, lo más interesante y novedoso para su tiempo es que, por encima de todos los otros valores, más allá de la valentía heroica o de las peripecias amorosas, las sagas colocan como bien supremo, el triunfo de la justicia.

- Un vínculo entre los dioses nórdicos y los griegos

   Como las religiones cristiana o hindú, también la religión escandinava estaba presidida por una trinidad. Thor, equiparable al griego Zeus, era el Gran Señor Poderoso, protector de la ley y de las cosechas, amo de las tormentas, del rayo y del trueno, que se producía cuando su enorme martillo golpeaba las nubes. La figura del martillo de Thor, era el símbolo nórdico equivalente a la cruz cristiana y muchos lo llevaban colgado del cuello. Junto al mayestático Thor se veneraba a Odín o Wotan, un dios muy peculiar cuyo atributo principal -resumiendo mucho la teología escandinava-, era el arrebato.

   El guerrero que se enfrentaba cuerpo a cuerpo con el enemigo se entregaba a Odín, pero también lo hacía el adivino en su trance o el poeta dominado por su inspiración. Odín se parece a Hermes en muchas cosas. Por último, Freya era la diosa del amor, la Afrodita del Norte. Estaba unida indisolublemente con su hermano y esposo Frey, y entre ambos velaban por la felicidad y la prosperidad humana.

   La notoria semejanza entre los dioses escandinavos y griegos (dos culturas muy separadas), es un argumento a favor de la existencia de un origen común indoeuropeo, que incluiría también a la religión hindú. Los nombres de los dioses normandos quedaron en el calendario inglés y se siguen usando en el presente: thursday (el día de Thor) es el jueves, nuestro "día de Jové" (Júpiter o Zeus); wednesday (el día de Wotan) es el miércoles, nuestro "día de Mercurio" (Hermes); friday (día de Freya) es el viernes, esto es, "el día de Venus" (Afrodita).

- El arte del adorno

   La pasión de los vikingos por los ornamentos, quedó plasmada en objetos cotidianos que, como las armas, decoraban profusamente. Entre otros, se han hallado objetos verdaderamente bellos por su decoración y perfección: un broche de plata hallado en Lindholm Hoje, un cementerio vikingo del siglo XII, en la localidad de Aalborg (Dinamarca). Un estribo para montar de hierro, del siglo XI, decorado con incrustaciones de latón fue descubierto cerca de Londres. Un crucifijo de plata del siglo XI y que procede de Trondheim (Noruega); se sabe que antes de la penetración del cristianismo, los nórdicos llevaban colgada la figura del martillo de Thor. Un cuerno de asta de vaca finamente decorado, hecho entre los siglos VIII y X; en algunas ocasiones los vikingos bebían en estos cuernos previamente vaciados. Figuras de Odín, el dios tuerto del saber, y Thor, el señor del trueno, confeccionadas en el siglo XI. Estela del siglo XII con inscripciones rúnicas, descubierta en Uppsala (Suecia). Una poco frecuente escultura naturista vikingo, que semeja la cabeza de un guerrero, tallada en asta de alce, es uno de los más famosos. Más raro aún, es el mapa de Vinlandia, que se encuentra en la Universidad de Yale y se cree que es del siglo VIII. Algunos especialistas creen que es una falsificación. De no serlo, éste probaría que los vikingos penetraron en América.

 

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