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¿Por qué mataron a Jesús?

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Un hombre incómodo - Todos saben cómo murió Jesús: crucificado. Pero casi nadie sabe por qué lo mataron, cuál fue el motivo determinante de su muerte.  

 

Durante su vida pública, Jesús tuvo serios enfrentamientos con las autoridades de su tiempo por diversas razones. Porque no respetaba el sábado (Mc 2,27), no observaba las normas de pureza (Mc 7,1-23), modificaba la ley de Moisés (Mt 5,20-48), se rodeaba de gente excomulgada (Mc 2,13-14), comía con personas de mala fama (Mc 2,15-17), tocaba a los leprosos y a los muertos (Mc 1,41; 5,41). Y varias veces las autoridades estuvieron a punto de apresarlo y darle muerte, pero no pudieron hacerlo por temor a la reacción de la gente.  

 

Sin embargo, en cierto momento Jesús hizo algo que colmó la paciencia de los gobernantes, y los obligó a tomar la decisión de acabar con su vida. ¿Cuál fue ese incidente?

 

Los Evangelios nos presentan dos explicaciones. Según la primera, dada por Marcos (seguido por Mateo y Lucas), ese incidente fue la expulsión de los vendedores del Templo de Jerusalén por parte de Jesús. En cambio según el Evangelio de san Juan, lo que provocó su muerte fue el hecho de que Jesús resucitara a Lázaro (Jn 11,45-54). ¿Cuál de las dos es la correcta?  

 

La locura de un gesto - Podemos deducir, por otros textos del Nuevo Testamento, que es Marcos el que tiene razón. En efecto, cuando Jesús es juzgado ante el Sanedrín, los testigos lo acusan de haber querido destruir el Templo y construir otro (Mc 14,58). Y cuando Jesús está clavado en la cruz, la gente que pasa por el lugar se burla diciendo: "Eh, tú, que destruyes el Templo y lo reconstruyes en tres días" (Mc 15,29). Y cuando más tarde el diácono Esteban es condenado a muerte, los testigos vuelven a decir: "A este hombre le hemos oído decir que Jesús Nazareno destruiría este Templo y cambiaría las costumbres de Moisés" (Hech 6,14).  

 

Lo que determinó la muerte de Jesús, pues, parece haber sido un incidente que él provocó en el Templo, cuando en cierta oportunidad se encontró allí con un grupo de vendedores de animales y cambistas; al verlos se enojó, y los echó del lugar; volcó las mesas de las monedas, y derribó los puestos de animales, mientras les explicaba que el Templo era la casa de Dios para orar.  

 

Con ganancias repartidas - ¿Por qué estaban en el Templo aquellos vendedores? Porque cuando un judío quería ofrecer sacrificios a Dios, no podía llevar un animal cualquiera. Debía ser sin defectos, ni impurezas, ni manchas. Y un animal así no era fácil encontrar. Además, muchos judíos llegaban a Jerusalén desde muy lejos y no les era cómodo venir cargando el animal. Entonces, los vendedores del Templo les ahorraban el trabajo, a la vez que les garantizaban la pureza del animal. Por otra parte, los judíos mayores de veinte años debían pagar un impuesto anual al culto. Pero la moneda romana (la única que circulaba en Palestina), no era aceptada en el Templo por tener grabada la imagen del emperador. Tampoco se aceptaban las monedas extranjeras que traían los judíos de otros países. Sólo se admitían unas monedas especiales, acuñadas en la ciudad de Tiro. Y los cambistas proveían a los peregrinos precisamente de tales monedas.  

 

Ese comercio religioso, tolerado por los sacerdotes, que percibían por ello una parte de las ganancias, tenía lugar en el atrio exterior del Templo, llamado atrio de los gentiles, o de los paganos.  

 

El enojo del Maestro - La expulsión de los vendedores es uno de los episodios más extraños de la vida del Señor, porque nos presenta a un Jesús muy distinto del que estábamos acostumbrados a ver. ¿Cómo es posible armonizar este Maestro violento e intolerante, con aquel otro pacífico y sereno que predicaba en Galilea, capaz de comprender a los pecadores, y actuar con mansedumbre hasta en las situaciones más tensas?  

 

Pero el episodio es extraño sobre todo porque no nos permite entender qué intención tenía Jesús cuando realizó ese gesto. A primera vista parecería que quiso purificar el Templo de las actividades comerciales que ahí se efectuaban. Pero en realidad a Jesús nunca le importó la pureza del Templo. Jamás en los Evangelios lo vemos mostrar interés alguno por el decoro de la liturgia, ni por el recato de los sacerdotes, ni por la exactitud de los ritos que estos ofrecían. Es cierto que frecuentaba el Templo para las grandes fiestas, como cualquier otro judío, y a menudo enseñaba allí a la gente. Pero nunca se preocupó por el culto, ni por su pureza. ¿Por qué ahora se enoja tanto con la presencia de los vendedores?  

 

Además, los vendedores y cambistas no hacían nada malo. Al contrario, ayudaban a los peregrinos a cumplir con sus necesidades para el culto. Y, por otra parte, no estaban ubicados propiamente en el Templo sino en el atrio exterior, no considerado como lugar sagrado. ¿Por qué se molestó entonces Jesús?  

 

Varios intentos de entenderlo - Hoy resulta difícil saber qué pasó aquel día en el Templo entre Jesús y los vendedores. Pero es probable que no sólo a nosotros nos resulte difícil, sino que ya en los primeros tiempos, cuando las comunidades cristianas transmitían oralmente el Evangelio, tampoco recordaban por qué se había producido ese enfrentamiento. Sabían, sí, que el Señor había tenido un incidente con unos vendedores, y que ese incidente había desencadenado su muerte, pero no conocían la causa del mismo.

  

Por eso, cuando años más tarde los evangelistas compusieron sus obras, al llegar a este suceso, como no tenían en claro qué había pasado, cada uno trató de entenderlo como pudo, y de contarlo adaptándolo a su propia teología. Por eso cada evangelista trae una versión diferente de ese episodio, con un mensaje distinto.  

 

El primero en escribir fue san Marcos. Según la versión de éste, unos días antes de su muerte, Jesús se presentó en Jerusalén acompañado por una multitud que lo aclamaba y ovacionaba como Mesías. Ese día no sucedió nada. Pero al día siguiente tuvo lugar el altercado. Marcos lo relata así: "Jesús entró en el Templo, y comenzó a echar de allí a los vendedores y compradores; volcó las mesas de los que cambiaban dinero y los puestos de los vendedores de palomas; y no permitía que nadie pasara por el Templo llevando cosas. Y se puso a enseñar diciendo: "La Escritura dice: Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones. Pero ustedes la han convertido en una cueva de ladrones". Cuando los sumos sacerdotes y los escribas se enteraron de lo ocurrido, se propusieron darle muerte, porque tenían miedo al impacto que sus enseñanzas producían en la gente" (Mc 11,15-18).  

 

Agrandar el Templo - Para entender por qué Marcos cuenta así este episodio, hay que tener presente que él escribe para cristianos de origen pagano. Ahora bien, en el Templo de Jerusalén había dos áreas bien definidas. Una interior, llamada el atrio de los israelitas (donde rezaban exclusivamente los judíos), y otra exterior, llamada el atrio de los gentiles (donde podían pasar a rezar los paganos). A esta zona externa los judíos no la consideraban propiamente como Templo, ni como sagrada, pues la presencia de paganos la volvía impura. Por eso habían permitido que allí se instalaran los vendedores, cambistas y mercaderes que hacían sus negocios, ya que Dios allí no se molestaba en atender a nadie.  

 

Lo que Marcos quiere decir, con la reacción de Jesús, es que para Jesús el atrio de los paganos, donde estaban ubicados los vendedores y cambistas, también debía considerarse Templo, por respeto a los paganos. O sea, donde estos rezaban era tan sagrado como donde rezaban los judíos, porque Dios también escucha la oración de los paganos. Por eso Jesús exclama: "Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones". Lo que se propone Jesús (según Marcos) es colocar a todos, judíos y paganos, a un mismo nivel, y convertir el Templo de Jerusalén en un lugar de oración para todas las naciones. Por eso no permite las actividades comerciales en el atrio de los paganos, pues éste es tan sagrado como el de los judíos.  

 

Esta idea de que la oración de judíos y paganos tenía el mismo valor ante Dios constituía, sin duda, una tesis revolucionaria e inadmisible para los israelitas. Por eso decidieron matarlo.  

 

Una mancha de dos siglos - La versión de san Mateo es diferente (Mt 21,12-17). Él escribe para lectores de origen judío, que esperaban la llegada de un futuro Mesías. Por eso adapta el relato a esta mentalidad.  

 

Ante todo, dice que Jesús expulsó a los vendedores del Templo el mismo día en que entró en Jerusalén, y no al día siguiente como indica Marcos. Se trata de un detalle muy importante. Porque el día de su entrada en Jerusalén es el día en que la ciudad entera lo había aclamado como Rey y Mesías. De este modo, Mateo quiere decir que el Jesús que acaba de ingresar en el Templo es el Mesías que ellos esperaban.  

 

¿Y qué viene a hacer el Mesías al Templo? Según la creencia judía, el Templo de Jerusalén estaba impuro desde hacía muchos años. En efecto, en el año 167 a.C., un rey de Siria llamado Antíoco Epífanes había invadido Jerusalén y había ofrecido en su Santuario sacrificios a los dioses paganos. Desde entonces, los judíos sentían que su Templo estaba manchado y vivían consternados por eso, pero no podían hacer nada. Sólo les quedaba aguardar que, según una antigua profecía (Mal 3,1-3), llegara el Mesías a purificarlo (1Mac 4,44-46). Mateo, al presentar a Jesús como Mesías, y además purificando el Templo, sugiere que lo purifica no sólo de los vendedores y cambistas, sino de su antigua y vergonzosa mancha.

  

Para reafirmar esta idea, agrega dos detalles propios de él: a) refiere que luego de expulsar a los vendedores se le acercaron unos ciegos y paralíticos, y los curó; porque estas curaciones se esperaban del Mesías cuando viniera (Mt 11,5); b) señala que un coro de niños hebreos se puso a aclamarlo como Mesías; así, ya no quedaba duda alguna de su identidad.  

 

A Mateo no le interesa, como a Marcos, el atrio de los paganos (por eso no cuenta el detalle de que Jesús obstaculiza el paso de la gente por el Templo, ni dice que este será casa de oración para todas las naciones). Le interesa el Templo judío propiamente dicho, y mostrar a Jesús que se presenta como el Mesías que viene a tomar posesión de él y a purificarlo. Por eso decidieron matarlo.  

 

La expulsión pacífica - La versión de Lucas es la más breve de todas. Apenas tiene dos versículos, y no cuenta casi nada (Lc 19,45-46). Sólo dice que Jesús echó fuera a los vendedores. No hay mesas volcadas, ni puestos de palomas derribados, ni gente bloqueada para que no pase.  

 

¿Por qué Lucas lo acortó tanto? Porque él escribe para una comunidad cristiana formada por ex paganos y ex judíos, que está en crisis, y que amenaza con dividirse por problemas internos. Por eso busca eliminar de su Evangelio (y también del incidente del Templo), casi todas las escenas de violencia y agresión que pudieran aumentar aun más las tensiones que ya había entre sus lectores.  

 

Y para Lucas ¿Qué pretendió hacer Jesús aquel día en el Templo? Simplemente lo purificó para convertirlo en un lugar apto para sus enseñanzas (19,47), algo que no irritaba a ninguno de los lectores de su comunidad. Por eso, a partir de ese momento aparecerá Jesús enseñando permanentemente en el Templo (20,1; 21,37.38; 22,53). Y por ese motivo decidieron matarlo.  

 

Por la vida de un amigo - Aunque con matices distintos, los tres primeros evangelistas coinciden al menos en que la muerte de Jesús se debió a la expulsión de los vendedores del Templo. En cambio san Juan da una explicación totalmente diferente: lo que provocó la muerte de Jesús fue el haber resucitado a Lázaro (Jn 11,45-54). ¿Por qué?  

 

La resurrección de Lázaro es el último milagro que Jesús realiza en el cuarto Evangelio, y el más impresionante de todos. Jesús ya había curado a otros enfermos: a un niño con fiebre (4,52), a un paralítico que llevaba treinta y ocho años enfermo (5,5), a un ciego de nacimiento (9,32). Pero nunca había devuelto la vida a un muerto. Con este milagro, el más espectacular de todos, san Juan presenta a Jesús con el poder sorprendente de dar la vida a los muertos; él es la resurrección en persona que ha venido a visitarnos (11,25-26).  

 

Frente a esto, los sumos sacerdotes y los fariseos no pueden tolerar más, y deciden matarlo. Que alguien devuelva la vida a los muertos ya es demasiado; se torna peligroso y difícil de manejar. Por eso planean eliminarlo (11,45-53). Pero las autoridades no cuentan con una sorpresa: que precisamente matándolo hacen que Jesús devuelva la Vida a los muertos. La muerte de Jesús es la que inaugura los nuevos tiempos, la nueva era de la resurrección y la Vida eterna. A partir de ese momento, todo el que cree en él ya tiene la Vida plena.  

 

La gran ironía de san Juan, es mostrar que a Jesús le quitan la vida para que él no dé más la Vida; y sin embargo así es como logran que él dé la Vida.  

 

Para eliminar el Templo - Si para Juan lo que llevó a la muerte a Jesús fue la resurrección de Lázaro, ¿qué pasó con el incidente del Templo? También él lo cuenta, pero al principio de su Evangelio, y con otra intención.  

 

Para san Juan, al comienzo de su vida pública Jesús subió un día a Jerusalén y se dirigió al Templo. Allí se encontró con los vendedores de animales y los cambistas, y los expulsó (2,13-22). Pero en la versión de Juan, Jesús tiene una intención distinta a la que presentaron los otros tres evangelistas: lo que Jesús quiere hacer aquí es directamente eliminar el Templo, y reemplazarlo por su persona.  

 

Por eso Juan añade detalles propios en su relato, que muestran esta idea. Por ejemplo, además de ahuyentar palomas (como dicen los otros tres Evangelios), dice que Jesús también echó afuera bueyes y ovejas. Porque estos eran los animales empleados como sacrificios en el Templo y al venir ahora Jesús, ya no hacen falta más animales ni más sacrificios que su muerte redentora. También, dice Juan (y sólo él), que cuando le preguntaron a Jesús por qué hacía eso él respondió: "Destruyan este Templo y yo lo levantaré en tres días". Es decir, no sólo los sacrificios sino el mismo Templo ya no tienen sentido, con la llegada de Jesús. Todo debe ser eliminado.  

 

Según Juan, pues, en aquel incidente con los vendedores, Jesús no pretendió abrir el Templo a los paganos (como decía Marcos), ni purificarlo (como decía Mateo), ni convertirlo en lugar de enseñanzas (como decía Lucas), sino eliminarlo. Es un relato simbólico de la futura abolición del culto y los sacrificios judíos ante la llegada de Jesús, el nuevo Templo de Dios. Por eso lo puso a continuación de las bodas de Caná, donde Jesús también hace desaparecer allí seiscientos litros de agua, de la que usaban los judíos para sus ritos de purificación (es decir, es el culto judío que desaparece), y los convierte en vino. El culto judío ha dejado de tener valor.  

 

Siempre el mismo tema - Cerca del final de su vida, Jesús tuvo una disputa con los vendedores del Templo que le costó la vida. ¿Por qué? Exactamente no lo sabemos. Pero cada evangelista se encargó de darle al caso su propia interpretación, según su teología y sus destinatarios. Para Marcos, Jesús quiso abrir el Templo a los paganos. Para Mateo, quiso purificarlo. Para Lucas, quiso adaptarlo. Y para Juan, lo que decidió la muerte de Jesús fue el haber dado la vida a Lázaro.  

 

¿Quién es el que está en lo cierto? Todos. Jesús murió para que no hubiera más excluidos (Marcos), para eliminar la impureza de las intenciones torcidas de los creyentes (Mateo), para que lo que enseñamos sea lo que vivimos (Lucas), y para que el mundo tenga una vida mejor (Juan).  

 

La muerte de Jesús fue un hecho tan lleno de significado, tan denso e inagotable en sus consecuencias, que aún con todas las explicaciones que los evangelistas nos den, no llegamos a desentrañarla del todo. Pero una cosa es cierta: sólo quien se compromete con alguna de esas consecuencias, demuestra haber experimentado la Vida que ella ha traído.  

 

 

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