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El kirchnerismo vuelve a dejar al país en quiebra





Por Armando Maronese   *
 
El déficit fiscal primario de 2020 es el más alto desde 1976. Con la caída en la actividad y los gastos en alza, el desequilibrio de las cuentas públicas llegaría a un récord histórico que no se veía desde la década de 1970. El 2020 cerraría con un rojo primario de 6,5% del PBI.
 
Estructuras Patrimoniales - El cierre de la economía por la cuarentena y la falta de un programa económico integral tuvieron un fuerte impacto en las cuentas fiscales argentinas este año. El Sector Público Nacional terminaría este año con un peligroso rojo primario de 6,5% del Producto Bruto Interno (PBI). 
 
El déficit primario será el más elevado desde 1976, de acuerdo a las estadísticas históricas de la Oficina Nacional de Presupuesto, que registra un déficit de 8,49% para ese año. Además, la carga de intereses elevaría el déficit a un resultado negativo consolidado de 8,7% del PBI. 
 
Las negociaciones de Guzmán suponen un alivio en los intereses para los años que quedan de la gestión de Alberto Fernández, pero el Gobierno no tiene confianza y deberá cumplir con un ajuste fiscal progresivo para respetar los acuerdos con el Fondo Monetario Internacional. 
 
Guzmán y su equipo aseguran que no habrá ajuste, y que todo el ahorro fiscal será conseguido con crecimiento. Aun así, para el 2021 se espera un rebote meramente estadístico (surge de la comparación con un año pésimo como lo fue el 2020), y no un crecimiento genuino y sostenible. 
 
De igual forma que en el Gobierno de Mauricio Macri, el kirchnerismo buscará una solución gradualista y facilista para salir del problema fiscal, aunque estos lineamientos no tuvieron ni un solo caso de éxito a lo largo de la historia argentina.

A confesión del propio Alberto Fernández, el Gobierno carece de una receta integral o un plan económico a seguir. El financiamiento monetario del déficit podría poner en jaque a la recuperación económica peregrinada por el oficialismo.
 
La emisión de dinero para financiar el déficit fiscal, vía diversos instrumentos, creció vigorosamente a lo largo del año. La monetización del déficit superó el 8% del PBI a mediados del año, y aun no se produjo ningún tipo de corrección.
 
Al término del mes de noviembre, cerca del 90% del déficit acumulado en 11 meses del año fue financiado a partir de la emisión de dinero del Banco Central, vía transferencias al Tesoro Nacional.
 
El déficit acumulado en este período alcanzó los $1.973.921 millones, mientras que las transferencias que hizo el Banco Central en este lapso de tiempo fueron de $1.759.720 millones.
 
El Gobierno se quedó sin recursos para financiar el gasto público, y lo único que quedó fue la emisión de dinero. Todos los agregados monetarios sufrieron alzas importantes, y la base monetaria subió más de 70% interanual en septiembre, octubre y noviembre.
 
La cuarentena alteró de forma notable el comportamiento en los mercados, disminuyendo la velocidad de circulación del dinero (la más baja desde 1975 según el BCRA) y postergando el impacto inflacionario, cada vez más inminente.
 
La estanflación podría terminar con parte de la insipiente y débil recuperación en el nivel de actividad para el 2021. Las metas del oficialismo, plasmadas en el presupuesto, suponen un nivel de inflación relativamente estable con respecto a este año, pero la mayoría de las consultoras esperan un alza importante de precios.
 
El año 2021 no solamente tendrá un carácter electoral, con todo lo que eso implica, sino que se verá atravesado por el impacto de la política monetaria de este año y la normalización de las variables monetarias en la economía.
 
Por Armando Maronese
Mi, 30/12/2020
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