Redacción, Digital, Mar del Plata, Mar, Plata, Noticias, periódico, casino.

El exilio de Borges del CCK y la apoteosis de la ignorancia





Por Miguel Wiñazki
 
Desde sus textos nos juzga, quizás resignado y sonriente. Juzga a la historia y al desatino.

Ni en el sueño o la pesadilla más burda de un país que va en coche al muere, se podría haber soñado un elogio de la sombra tan patético.
 
En un rapto de rapiña simbólica, algunas manos toscas han decidido quitar la frase de Jorge Luis Borges que ornamentaba el Centro Cultural Néstor Carlos Kirchner “Nadie es la Patria, todos los somos”.
 
Sin embargo, el espacio conserva el nombre condensado en ese acrónimo CCK, “En las letras de rosa está la rosa y todo el Nilo en la palabra Nilo”. ¿Qué es lo que habita en las letras CCK hoy, con Borges exiliado del frontispicio? Todo parece una quintaesencia ofensiva de la jibarización programada.
 
El CCK lo dice todo porque no dice nada, Ese acto de apropiación, de usurpación vacía, esa guadaña sin filo pero dañina del bestialismo borra a Borges y elige el bautismo perpetuo de la sinrazón. Néstor Carlos Kirchner queda y Borges ya se va.

Ese Aleph, denuncia y clava en el centro herido de la cultura la explicación tácita de que el espanto no sólo nos une, sino que nos une sin querernos tanto ni nada. Esa apropiación es un anatema plural: la decadencia, el autoritarismo, el adoctrinamiento, la superficialidad y la caída en la noche lateral de los pantanos.

Argumentaron que la frase de Borges invadía el espacio visual.
 
El saber no invade, instruye.
 
Y no se trata de una torre de marfil o de elitismo o de desprecio por la cultura popular.
 
Borges es popular y en un sentido muy profundo. Y por cierto nadie es la Patria.

Al fin, a cielo abierto, esta burla postrera le permite a Borges como a Laprida el júbilo secreto del encuentro con su recóndito destino sudamericano.
 
En esta noche lejana, es más honda la mordida de la hiena que ríe en su monstruosidad liquidadora.
 
Borges es la cultura pero a él se lo llevan y dejan a Kirchner. ¿Cómo no habríamos de estar sino en estas mismas lúgubres condiciones existenciales?
 
Nadie es Borges, él es universal.
 
Pero “Nadie” a la vez tiene otro sentido. El que no es “Nadie” en ese contexto cultural o anticultural es ese furibundo mal hablante, que concebía al paraíso y al éxtasis bajo la forma de una caja fuerte y no de una biblioteca.
 
Es la victoria del materialismo más crudo.
 
Esto es un sismo abrupto de la palabra, la búsqueda tácita de la demolición de la literatura argentina libre.
 
Es la anti lengua imperativa.
 
No importa que las autoridades se excusen aludiendo a una exposición sobre Borges realizada dentro del predio en su momento.
 
Es el nombre de Kirchner el que se contrapuso a Borges abolido del frontispicio el que rompe toda justicia.
 
“Yo sé de una región cerril cuyos bibliotecarios repudian la supersticiosa y vana costumbre de buscar sentido en los libros…” escribió Borges en la Biblioteca de Babel.
 
Esta es otro región aún más cerril, cuyos bibliotecarios no son tales, cuyos ordenanzas repudian, como repudiaron al prólogo del Nunca Más de Ernesto Sabato, las luces aportadas por los otros, que combaten contra toda aparición del intelecto, que imponen la codicia, la avaricia de poder, vanidad de vanidades, la injusticia, que beatifican a un rudimentario deshonesto, que omiten a un escritor que nos escribió a todos por los jardines que se bifurcan de la Patria que nadie es.
 
A la vez y vale enfatizar y escribir sobre todas las paredes allí donde haya paredes; “Nadie” -pero Nadie en su sentido moral negativo- es aquel jerarca gritoneador, habituado a las falacias sin fondo de la politiquería, con caja fuerte al hombro, ajeno a todos los libros, a todos los poemas, a todas la bibliotecas.
 
No hay maestría de Dios, ni siquiera pacto fáustico en esta simbología del desierto que crece, de la ignorancia que vence, de la ocupación ilegal, en un sentido más que jurídico, filosófico, del espacio de la vida conjugada con los libros.
 
Fue en un tranvía, el 7, donde Jorge Luis Borges leyó La Divina Comedia en italiano. Durante nueve años entre 1937 y 1946 lo tomaba diariamente para ir y para volver desde su casa hasta la biblioteca Miguel Cané en la calle Carlos Calvo al 4319, en el oficioso barrio de Almagro. El monótono universo del tranvía lo introdujo en El Dante “A la mitad del viaje de nuestra vida me encontré en una selva oscura por haberme apartado del camino recto.”.
 
Es la selva sin Virgilio, es el infierno sin Beatrice aguardando en la altura, es la calle Garay sin Beatriz Viterbo, es el arrabal sin Jacinto Chiclana, es la cultura sin el coraje de esa víbora, el cuchillo, que al menos atacaba a cara descubierta.
 
Es la penumbra ridícula de una épica sin literatura, sin metafísica, sin camino. “Abandonad toda esperanza” podría leerse ahora en el frontispicio de ese centro “cultural”.
 
Pero no, “el futuro no tiene realidad sino como esperanza presente”.
 
Borges es esperanza presente, aunque lo hayan borrado otra vez, expropiado, humillado y pisoteado como pisotea un burro la luminiscencia del Aleph.
 
Pero tampoco es tan fácil, porque sin dudas, “Nadie es la Patria”, porque “todos los somos”, aunque invadan en el bajo nombre innominado, famosamente infame de un avaro mental y espiritual, al sitio en el que Borges estaba presente.
 
No importa. Aún ausente o ausentado, está presente.
 
Por Miguel Wiñazki
26 diciembre, 2020
.

VOLVER AL LISTADO DE NOTICIAS