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La oscura historia de Juan Grabois





Por Armando Maronese   *
 
De familia rica a tomador de tierras y líder mafioso del Gobierno kirchnerista. Juan Grabois se convirtió en una de las personas más peligrosas de la actualidad. La oscura historia del líder sindical, que pasó de una familia rica y pudiente del corazón de San Isidro a convertirse en un impostor del Che Guevara.
 
Juan Grabois se ha convertido en una de las personas más importantes y polémicas de Argentina, a pesar de que no ocupa ningún cargo público, no es el líder de ningún sindicato ni tiene un bloque de legisladores en el Congreso. Así y todo, tiene a su disposición una masa crítica de gente, una gran influencia dentro del Gobierno kirchnerista y una aparente impunidad frente a las Fuerzas de Seguridad.
 
Grabois fundó el auto-proclamado “Movimiento de Trabajadores Excluidos” (MTE), que trata de agrupar a todos los supuestos desempleados por culpa de la “economía capitalista”, y les da tareas agrícolas de subsistencia en terrenos que los manda a usurpar.
 
Además, se lo considera mediáticamente como un “dirigente social”, ya que también fundó y lidera la “Confederación de Trabajadores de la Economía Popular” (CTEP), lo que vendría a ser un pseudo-sindicato de estos trabajadores que forman parte del MTE. Sin embargo, ni los trabajadores del MTE son realmente trabajadores (por su misma definición, son desempleados), ni la CTEP representa algún tipo de entidad legal.
 
Dentro de la estructura legal argentina, Grabois es un simple docente universitario, escritor y referente mediático. Pero esto es lo que lo hace más peligroso: sin ningún cargo ostensible, hace meses que viene azotando a la propiedad privada en Argentina y ha dejado el caos en cada Provincia que visita.
 
¿Quién es Juan Grabois?
Nacido en San Isidro en 1983, en una familia de clase alta de la zona más pudiente de la ciudad bonaerense, Juan Grabois es hijo de Roberto Grabois, un dirigente peronista conocido tiempo atrás por su militancia en Universidades en la década del ’60 por el apodo “Pajarito”, y de Olga Gismondi, una médica pediatra, de cuya familia (con raíces en Santa Fe) viene la fortuna en la que se crio él.
 
Lejos de la vida austera que predica hoy en día, su infancia en la década de los 90s fue la de un chico de familia adinerada. Yendo a los colegios más caros de San Isidro, se recibió del secundario en el bilingüe Colegio Godspell en el año 2000.
 
9 años después su vida había cambiado radicalmente. Mientras empezaba sus estudios en Derecho en la Universidad de Buenos Aires, ocurrió la gran crisis del 2001, lo cual lo llevó a vincularse con la mafia de cartoneros en la Capital Federal, ayudándolos con consejos legales cuando por aquel entonces la actividad estaba prohibida.
 
En 2002 crea el MTE, y gracias a su cercanía a Aníbal Ibarra, el Jefe de Gobierno en aquél entonces, logró pasar la Ley de Basura Cero en 2005, que formalizaba el trabajo de cartoneros e introduce las cooperativas cartoneras, que pasaron a brindar servicios de recolección de basura al Gobierno porteño con contratos millonarios, todos gestionados personalmente por Grabois.

Esta acción lo catapultó a la fama, pasando a ser uno de los principales referentes de los movimientos barriales en la Capital, pero todo cambió con la llegada de Mauricio Macri al Gobierno de CABA en 2008.
 
El macrismo buscó alejar a Grabois de los cartoneros y puso su propia organización gubernamental, que buscaba adoptar e incorporar a los militantes del MTE y separarlos de él. Neutralizado de sus actividades, se dedicó a completar sus estudios, y en 2009 se recibió de Politólogo, por la Universidad Nacional de Quilmes, y luego de Abogado en 2010.
 
Según los registros a los que pudo acceder el medio Real Politik, los padres de Grabois actualmente poseerían seis propiedades, algunas de ellas de imponente tamaño, y ellos mismos viven sobre la calle Malabia, en el barrio de Palermo, en Capital Federal. Algunas de su media docena de propiedades tienen grandes dimensiones: hay de 700 m2, 800 m2 y hasta de 1.508 m2, y están excelentemente ubicadas, algunas en Palermo y otras sobre la avenida Santa Fe en Recoleta.

Además de todo esto, su madre, Olga, cobra actualmente una jubilación de privilegio por haber sido empleada en el Senado de la Nación, como parte del cuerpo médico de la Cámara.
 
Entre 2010 y 2016, Juan Grabois se convirtió en el abogado de cabecera de distintos grupos mafiosos. Entre ellos la Túpac Amaru de Milagro Sala, la Organización Los Pibes de Lito Borello, y las distintas agrupaciones mapuches del sur del país.
 
Para profundizar su liderazgo de los grupos mapuches, se mudó en 2014 a la Patagonia. Vivió 2 años en San Martín de los Andes, provincia de Neuquén, donde fundó la CTEP regional y comenzó una extensa campaña de militancia y actos terroristas que culminaron en la mediática muerte de Santiago Maldonado, quien se ahogó en un río luego de que la Gendarmería reprimiera a un grupo mapuche que estaba cortando la Ruta Nacional 40 e incendiando la carretera en Chubut.
 
Su liderazgo en todas estas agrupaciones durante el gobierno de Macri le dio reconocimiento a nivel nacional, muchas veces saliendo en varios medios televisivos acusando al Gobierno de haber asesinado a Maldonado e, incluso, coordinó con el kirchnerismo en la campaña de 2017 diversos actos políticos.
 
Ese año, luego de completar su trabajo en la Patagonia, volvió a su barrio de origen, en Villa Adelina, San Isidro, donde actualmente vive con su mujer, y tres hijos.
 
En 2019, con todo el apoyo del nuevo gobierno de Alberto Fernández, incluida una amistosa relación con la nueva Ministra de Seguridad, Sabina Frederic, consolidó su control de los grupos populares, y formó la “Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular” (UTEP), que engloba a la CTEP, a la CCC, Barrios de Pie y el Frente Popular Darío Santillán.
 
De esta manera, Grabois quedó como el líder máximo de los grupos de piqueteros en la Capital Federal, usurpadores en las provincias y punteros políticos en los barrios del conurbano. Además, el objetivo de la UTEP es ingresar a la Confederación General del Trabajo (CGT), y empezar a cobrar el dinero que el Estado le provee a los movimientos sindicales organizados.
 
La figura de Grabois también se consolidó muy cerca de la Iglesia Católica, habiendo sido un confidente del Papa Francisco incluso antes de que fuera Papa, cuando era el cardenal Jorge Bergoglio, esta vinculación le ha permitido congraciarse con Curas Villeros e incluso con el ministro Daniel Arroyo, quien le habría prometido un puesto en el Ministerio de Desarrollo Social en 2019, que finalmente no pudo ser cumplido por el caos que trajo la pandemia del coronavirus.
 
 Según la revista Noticias,
 desde el distanciamiento de Francisco con Gustavo Vera,
el nexo más importante del Vaticano en Argentina
quedó siendo a través de Juan Grabois.
 
Su complejo de Che Guevara es muy curioso. Así como el rosarino líder revolucionario, Grabois nació en una familia pudiente y rechazó discursivamente sus fortunas, pero jamás dejó de usar el dinero de sus padres.
 
También su fijación en las ideas comunistas pueden llegar a venir del mismo lado; ambas figuras tuvieron una infancia criados en grandes estancias, donde vieron cómo los peones de campo trabajaban la tierra. Mientras ellos jamás hicieron trabajos manuales, decidieron que esa actividad era injusta y que estaban aprovechándose de ellos.
 
El Che Guevara llevó esta idea a su conclusión final: revolución armada, expropiación de tierras y concesión a militantes políticos. En Cuba la consecuencia se pudo ver rápidamente. Los militantes comunistas no sabían arar la tierra y los verdaderos trabajadores habían sido asesinados en la revolución o exiliados. Sin el conocimiento necesario, las tierras perdieron toda su productividad y el país entero se vio sumido en décadas de hambrunas generalizadas que se extienden incluso a hoy en día.
 
Si bien Juan Grabois solo dio pequeños y fracasados pasos en esta dirección, impulsando la toma de la estancia “Casa Nueva” de la familia Etchevehere, ya se pudo ver el mismo resultado. Militantes de sus organizaciones que jamás hicieron trabajos manuales en el campo, no pudieron ni sembrar perejil en los terrenos usurpados.
 
Habiendo usurpado 1.300 hectáreas de un campo ganadero –destinado a la crianza de animales con fines alimenticios– los usurpadores habían sido enviados por Grabois para que impulsen el “Proyecto Artigas“, un movimiento que pretende crear un “modelo agrario sostenible, libre de agro tóxicos y explotación“.
 
Así es como estudiantes de la facultad de sociales, desempleados y demás miembros de la CTEP terminaron dejando morir a varios animales durante su toma, que se prolongó más de una semana, puso en vilo a todo el país, y volvió a demostrar que el comunismo, a pesar de mucho esfuerzo, no funciona.
 
Por Armando Maronese
Origen: derechadiario.com.ar
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