¿Qué es mejor, fallar o nunca intentarlo?





Por Armando Maronese   *
 
Mi abuelo me enseñó algo que no olvidaré.
 
Otras personas, intentando conocerme, me preguntaban:
- ¿Y tú a qué te dedicas?
 
Yo afirmaba:
- Soy profesor de ajedrez.
 
La respuesta más habitual que recibía era algo parecido a esto:
- “Vaya, que profesión tan curiosa, debes ser muy listo. Yo a veces jugaba pero me cansé porque perdía siempre”.
 
A continuación, lanzaban la pregunta:
-“¿Cómo has logrado jugar tan bien?”
 
Tenía la impresión de que ellos esperaban que confirmase su suposición de que soy muy listo, y respondiera algo así:
- La Universidad de Harvard me expulsó por ser demasiado inteligente después de lograr el “Top 1” en el ranking mundial de IQ. Vigila, soy como un X-Men, ahora mismo sé incluso lo que estás pensando.
 
Esa respuesta chistosa me tienta, pero dista mucho de la realidad. Si conocieran mis inicios se habrían dado cuenta que ellos mismos ya responden a su pregunta. No al mencionar que soy inteligente, sino en esa otra parte: “Yo a veces jugaba pero me cansé porque perdía siempre”. Así es como empecé a practicar ese deporte.
 
Tenía ocho años y vi que mi abuelo estaba jugando a ajedrez, entonces le declaré el reto:
- “¡Abuelo juega contra mi que te voy a ganar!”.
 
Él me enseñó las reglas del juego y aceptó el reto. Perdí la primera, la segunda, la tercera…, así hasta la veinte.
 
- ¿Qué te parece si jugamos a otro juego? Propuso mi abuelo.
 
- ¡No! yo quiero jugar al ajedrez, respondí.
 
A mi abuelo le gustaba que fuera tan persistente y sabía que si se dejaba ganar no me estaba haciendo ningún favor. Él era muy competitivo.
 
Jugábamos todos los días, no recuerdo si llegué a ganarle nunca. Él aceptaba jugar contra mí probablemente aburrido por mi falta de competencia. Pero lo hacía para darme una lección.
 
Estoy convencido de que escucha todas mis conversaciones desde el cielo y, cada vez que detecta: - “Tú debes ser muy inteligente”, se ríe recordando todas aquellas partidas que jugamos.
 
Pero él se siente orgulloso, sabe que a mis diez años, ya hubiera sido incapaz de ganarme si hubiera podido enfrentarse a mi. Pero eso nunca hubiera sido posible sin su lección.
 
La respuesta más sincera que pudiera dar en la conversación es esta:
- “No soy más inteligente, solo me permití perder más”.
 
En la vida, cuanto más fallemos, más lograremos (Truman Capote*). Esa fue la lección que me enseñó mi abuelo.
 
“El fracaso es el condimento que le da al éxito su sabor”.
 
(*)Truman Streckfus Persons (Nueva Orleans, 30 de septiembre de 1924 - Los Ángeles, 25 de agosto de 1984), más conocido como Truman Capote, fue un literato y periodista estadounidense, autor de la novela Breakfast at Tiffany's (Desayuno en Tiffany's) (1958) y su novela-documento In Cold Blood (A sangre fría) (1966)
 
Por Armando Maronese
03/10/2020  -  01:14 hs.
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